Revolviendo armarios e historias II

Vendrías a buscarme media hora tarde como de costumbre. Con un ligero olor a tabaco rancio pero mucha ilusión en los ojos. Conducirías tranquilo con una mano en el volante y la otra en la palaca de cambio con mi mano por encima sujeta. Yo mientras iría cantando las canciones que suenan por la radio riéndome porque no hago más que meter la pata con las letras, como si eso importase.
Llevaría esos maravillosos botines negros de alto tacón y firmes pisadas e iríamos al cine a ver Harry Potter 8, para enterarnos que Harry tiene un lío con Luna Lovegood y se convierte en un auror corrupto.
En una mano tú llevarías el enorme cartón de palomitas con gominolas escondidas que acabásemos de comprar y la otra agarraría mi mano.
Probablemente nos sentaríamos en la séptima fila, lejos del resto del mundo y mataríamos el tiempo de espera pre-fílmico dándonos un millón de besos mientras nuestras manos siguen unidas.
Empezaría la película y me dirías "te quiero".
