Medusa
El sol nunca se cansa de dejar entrar sus rallos todas las mañanas por mi ventana para que yo me entere que la noche ya se ha acabado y que debo dejar ya los sueños sobre la almohada.
Despierta conmigo mi mala gana y mis ventisiete pensamientos, esos que me siguen a todos lados. Son como ventisiete serpientes que nacen de mi cabeza, sólo que en vez de reptiles son preocupaciones y miedos que llevo siempre conmigo. Vienen y van a mi vera como si fuera Medusa, ocultos siempre debajo del gorro de vaquera que no teme a los indios ni a las balas, debajo del sombrero de pirata que surca mares sin banderas, debajo de la corona de princesa y del halo blanco de ángel cándido. Se ajustan ellas muy bien a mi cabellera y se lo van comiendo todo por dentro.
Me despierto yo y lo hacen ellas conmigo, sibilinas, tortuosas e incandescentes pero discretas a los ojos de quien no las ve.
Morirán todas ellas un día, yo lo sé. El día que me atreva a vencer todos los miedos que colapsan mis venas, el día que desentierre mi valentía y recupere la cordura que hace mucho tiempo perdí. Pero hasta entonces, buenos días cabronas por amanecer otra vez junto a mí.

