Calcetines
Sabemos desde bien pequeñitas cómo debe ser el perfecto caballero y pensamos que también a nosotras nos llegará el momento en que alguien se quite su chaqué para colocárnoslo en los hombros cuando tengamos frío. Lo que los cuentos, películas y la guía del perfecto caballero Disney no dicen es que con mucha probabilidad eso nunca será así. La verdadera caballerosidad no lleva obligatoriamente adherido a su nombre una serenata bajo las estrellas y eso es algo que nadie nos enseña.
Yo sé que ÉL nunca llegará a casa con una rosa escondida en su espalda ni tendrá por constumbre acudir puntual a las citas con revolucionarios planes que impliquen ponerse el mundo y el sinsentido por montera.
Sé que nunca aprenderá poesía ni recitará otros versos que no sean las letras de alguna canción medio heavy que intercale algún sonido gutural. Tampoco bailará conmigo a menos que se lo pida ventisiete veces ni llevará traje un miércoles cualquiera.
A cambio a prometido hacerme feliz para siempre.

No siempre necesitamos chaqués sobre los hombros, a veces basta con unos simples calcetines para abrigar un corazón.
