Ella (versión 1)
Apuesto a que ahora mismo está en la cama viendo esa serie de 4 mujeres vestidas de Prada y zapatos de Manolo Blahnik que cotorrean como si no tuvieran otra ocupación más que esa y el sexo.
Seguro que pulsa (con una media de 1 vez cada 7 minutos) el movil para que la iluminada pantallita le diga que no hay ninguna llamada que no haya visto, oído, notado vibrar en los últimos 6 minutos.
Alrededor de 12 insultos se le ocurrirían ahora mismo si pidieses una descripción del género masculino (salvando a su padre, santo de su y mi devoción) Aunque después de esos 12 insultos, tras el destape del rencor llegaría inevitable la pausa, la desnudez del alma. Tan desnuda que tiene tirita, que llora sin llorar.
Pide sin pedir, a través de ondas cerebrales y silencios que él vaya a taparla con un poco de ese amor que sólo él sabe darle. Y le unte la piel de sus caricias. Que de ese primer paso de la disculpa que ella no va a dar. ¿O sí? "Mañana lo llamo y hago como si nada" "Mañana no lo llamo" "No pienso ni cogerle el teléfono" "¿Le escribo un mensaje" "Voy a llamarlo"
Mira a su alrededor y ve tan vacío panorama y tan hiriente silencio que se plantea dejar de ser lo que son. Quiere bailar rumba con hombres construidos con escuadra y cartabón sobre una base de realidad, que se perfuman con perfección adulante creada a medida por su cabeza. (Así es fácil ganar la balanza de lo que apetece)
Pero ella es así. En el fondo sabe que lo odia porque lo quiere. Porque es tan profundo lo que siente por él que aunque no quiera le importa (y mucho) lo que él haga, diga, insinue o deje de hacer. Será que ella sabe que lo que él da es lo que le da fuerza que la mantiene en su sitio, sana, palpitante y viva.
Mañana.... será mañana chica de los batidos. Dale al play o mejor... duerme.

