Acabó ya la hora del 3x1 en pantalones bajados y de las caricias en oferta. Toca guardar los sentimientos entre sábanas y por inercia también en los folios de un diario dulzón. Derepente llega la hora y los besos se convierten en adioses mal dichos en un ascensor con prisa por bajar dejando mal sabor. Se cierra la puerta y ya no queda nada. Abro las ventanas para dejar entrar algo de oxígeno que desendulce esta habitación y se escapa el amor que había enredado en el aire.
Voces de ultratumba, golpes violentos de melena y alcohol en vaso de tubo amenizan ahora tus sentidos. Los mios sólo quieren silencio y tal vez un poco desenamorizante. Reflexiones de cama que llevan de conclusión que demasiado sentir no puede ser bueno.
Hora de las toallitas desmaquillantes, la pasta de dientes sabor a menta, pijama rosa y sueño fácil.

