Cierra los ojos
Tacha la tristeza y guiña un ojo a la amistad. Guiña el otro a la fraternidad. Y así con los dos ojitos cerrados olvida por una vez que estás en el mundo y que existe algo más que tu propia respiración. Olvida todos esos sentimientos que ahogan tu garganta y mojan tu almohada. Atrasa el reloj para que las lamentaciones y los recuerdes lleguen tarde.
No existe nada si tú no quieres que exista.
No tendremos voz si tú no quieres que la tengamos.
Sólo creeme cuando te digo que:
Nunca llueve eternamente

